Aquella noche los sentimientos que llegaron distaban mucho de los presentados en los últimos tiempos;una sonrisa se dibujaba en sus labios y un brillo de luz se asomaba en sus ojos.
Sabía, sin necesidad de otra prueba,por su propio instinto de mujer que esa noche la vida le había dado un regalo maravilloso,que la entrega de cuerpos con su pareja también era una entrega de alma, mente y corazón.
Que de esa entrega se formaba ya dentro de ella el mayor tesoro que puede guardar una mujer,un tesoro mas grande que el mismo corazón.Por instinto se llevo las manos al vientre y como si recibiese respuesta dio un saltito de emoción, sonrió,vio a su esposo durmiendo plácidamente y con esa emoción inigualable se colocó junto a él,donde,desde ahora, ya dormían tres en lugar de dos personas.


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Gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar en La Esencia de una tal PDUCI :))